lou reed enemy
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Todos sabemos que la figura del consumidor no es lo que solía ser; nos hemos vuelto más críticos, más minuciosos en la búsqueda de información y, sobre todo, hemos perdido la paciencia. Hemos desarrollado una desconfianza natural hacia cualquiera que nos intente vender algo (o al menos, hacia cualquiera que nos dé esa impresión), y además hemos dejado de tolerar que los mensajes publicitarios invadan nuestro espacio. Estamos saturados. Muy saturados. Y no es de extrañar.

Pero, ¿cómo puede una agencia de publicidad decir algo así? ¿No es culpa nuestra dicha saturación? ¿No somos los responsables directos? Pues la verdad es que no.

En Amor de Madre desde luego no nos sentimos en absoluto responsables de dicha saturación. ¿Por qué? Fácil.

Porque la buena publicidad no satura, no cansa ni invade. La buena publicidad es aquella que la gente quiere ver.

La buena publicidad es la que sorprende, la que emociona o la que hace reír a carcajadas. Y ese es el único tipo de publicidad que existe para nosotros.

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Si el consumidor ha cambiado, ¿por qué seguir haciendo la misma publicidad? ¿Por qué relegar aquello que nos apasiona a un segundo (o tercer, o cuarto…) plano? Si la gente sigue disfrutando con la buena música, el buen cine, la buena fotografía y la buena escritura, no vemos por qué la publicidad debería ser menos. Y gracias a esos pocos intrépidos que se han atrevido a pensar como nosotros, los spots se han ganado el nombre de películas, algunos jingles son puros temazos, hay gráficas que adornan paredes cual póster y claims que se han convertido en mantras para la vida.

Es cierto que aún hay personas que ven la publicidad con malos ojos, pero también es cierto que otras tantas han empezado a enamorarse de nuestro oficio. Entre estos últimos, tenemos el honor de contar con personalidades como el mismísimo Lou Reed, que se dejó caer por el Festival de Cannes allá en el 2013 para decirnos que antes solíamos ser el enemigo, pero que cada día la publicidad se acerca más al arte.

En Amor de Madre no podemos estar más de acuerdo, ni podemos tener más ganas de seguir transformando esta profesión.

Porque nos apasiona lo que hacemos y hacerlo bien es la mejor forma de demostrarlo.